Parada#5: un beso

Beso 

Si bien es cierto que esta palabra nos despierta cualquier catidad de emociones, también lo es que cada beso es diferente. Con cada uno nos sumergimos en un viaje de sensaciones, algunas buenas, otras no tanto, pero siempre sensaciones. De cualquier forma toda mujer sabe y todo hombre debe saber que nos encanta ser besadas, pues es con eso, con un beso, con que se inicia la conexión más fuerte con el otro, es la llave de su territorio.

Faciolince ya lo sabe y por eso en su libro nos da la receta del beso: “Come pomas para aprender a besar, come pomas para que te besen”.

2 comentarios noviembre 30, 2007
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Parada #4: habla

No calles

Este segundo viaje por el libro me permitió ver más allá de las recetas culinarias que propone su autor, ahora entiendo que cada una de ella, más allá de enseñar a cocinar, enseña a vivir y enriquece el alma.

Una larga receta con lomo de novillo, pimienta negra, lechuga, aceite, mantequilla y una copa de brandy será suficiente para hacer hablar a aquel que guarda sus secretos. Parece fácil, pero una condición tendrás en cuenta para que sea infalible: la crema de la salsa se hará con la leche de la misma vaca que parió a la res sacrificada. Si no es así, el huésped de todas forma hablará, pero quizá no diga aquello que pretendes.

Así que, si quieres que otros labios te sean generosos, abre también los tuyos.

Add a comment noviembre 6, 2007

Parada #3: vejez

El peso de los años

El peso de los años, como una piedra antigua, un día caerá del insondable tiempo hasta tus pies. Siéntate si estás echada; levántate si estás sentada y corre a un arroyo de aguas (si las encuentras) puras y transparentes. Inclínate y bebe en la
cuenca de tu mano hasta sentir, irrefrenable, la invertida sed del vómito. No manches el arroyo, enjuágate la cara sin ensuciar su cauce. Regresa a tu casa y ayuna hasta el alba siguiente. Guarda toda la orina de la noche y muy temprano riega, con ella, la mata de albahaca. Sin recobrar la juventud, serás más joven.

Add a comment noviembre 6, 2007

Parada #2: lágrimas

Flor melancólica

Haces volteretas con el cuerpo y la imaginación para evadir la tristeza. ¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes.
No dejes que te receten alegría, como quién oredena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío. Si dejas que te traten tu tristeza como una perversión, o en el mejor de los casos como una enfermedad, estás perdida: además de estar triste te sentirás culpable. Y no tienes la culpa de estar triste. ¿No es normal sentir dolor cuando te cortas? ¿No arde la piel si te dan un latigazo?
Pues así mismo el mundo, la vaga sucesión de los hechos que acontecen (o de los que no pasan) crean un fondo de melancolía. Ya lo decía el poeta Leopardi: “como el aire llena los espacios entre los objetos, así la melancolía llena los espacios entre un gozo y otro”.
Vive tu tristeza, pálpala, deshójala en tus ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos o en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu cuerpo, apúntala en los poros de tu piel. Pues sólo si no te defiendes huirá, a ratos, a otro sitio que no sea el centro de tu dolor íntimo.

Add a comment noviembre 6, 2007

Parada #1: soledad

Soledad

En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortarás de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y deja que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébelo sorbo a sorbo de espaldas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada.
Si al terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que él no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.

Add a comment noviembre 5, 2007

Abordaje

Tristeza

Nadie conoce las recetas de la dicha. A la hora desdichada vanos serán los más elaborados cocidos del contento. Incluso si en algunas la tristeza es motor del apetito, no conviene en los días de congoja atiborrarse de alimento. No se asimila y cría grasa la comida en la desdicha. Los brebajes más sanos desprenden su ponzoña cuando son apurados por mujer afligida. Sana costumbre es el ayuno en los días de desgracia. Sin embargo, en mi largo ejercicio con frutos y verduras, con hierbas y raíces, con músculos y vísceras de las variadas bestias silvestres y domésticas, he hallado en ocasiones caminos de consuelo. Son cocimientos simples y de muy poco riesgo. Tómalos, sin embargo, con cautela: los mejores remedios son veneno en algunas. Pero haz la prueba, intenta. No es bueno que acaricies, pasiva, tu desdicha. La tristeza constipa. Busca el purgante de -las lágrimas, no huyas del sudor, tras el ayuno prueba mis recetas. Mi fórmula es confusa. He hallado que en mi arte pocas reglas se cumplen. Desconfía de mi, no cocines mis pócimas si te asalta la sombra de una duda. Pero lee este intento falaz de hechicería: el conjuro, si sirve, no es más que su sonido: lo que cura es el aire que exhalan las palabras.

Add a comment noviembre 5, 2007

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